Tomás y Charlie

Del 14 al 18 de este mes estuve en el Escorial, realizando uno de los cursos de verano de la Complutense. En conjunto no ha estado mal, con momentos geniales (las charlas de Alberto Vázquez-Figueroa y Alfonso Rojo) y momentos insoportables (durante un día particularmente aburrido, cuando escuché la frase “viajar representa un intento de volver al útero materno”, abrí una carpeta que traía y me puse a hacer un sudoku). Lo cierto es que me he quedado un poco (o bastante) decepcionado con la forma en la que lo han desarrollado (estaba enfocado al turismo y cosas así, más que a literatura de viajes, que era de lo que trataba, al menos según el título del curso). Pero el verdadero motivo de este post no es quejarme, sino escribir una entrada dedicada a dos desconcertantes personajillos que he conocido estos días:

 

Caso Número Uno: Fue a principios de este mes. Había pasado el día en el Escorial, por temas de la matrícula, y volví a Madrid. A eso de las ocho y media salía de la estación de Recoletos, cuando una mujer me paró:

 

Ella: ¡Oye!

Yo: ¿Sí?

Ella: ¿Puedes preguntarme por Tomás?

Yo: ¿Qué?

Ella: Que si puedes preguntarme por Tomás.

Yo: …¿Qué?

Ella: (Ofreciéndome un móvil) Necesito que llames y preguntes por Tomás.

Yo: ¿Es algún tipo de encuesta?

Ella: ¡No!

Yo: …¿Y por qué no llama usted?

Ella: Porque él no me conoce la voz.

Yo:

Ella: Bueno, anda, déjalo.

 

Aliviado por no tener que llamar al tal Tomás, que no conocía mi voz, en nombre de otra persona cuya voz tampoco conocía, me alejé de allí, consciente de que por alguna razón atraigo a gente como esta como si fuera un imán (o, como me dijo un buen día mi amiga Mafi, “los polos ¿opuestos? se atraen.”)

 

Caso Numero Dos: Con este hombre no llegué a interactuar, pues parecía demasiado _________ (rellenar el espacio según convenga) hasta para mí. Era uno de los asistentes al curso, y se dedicaba a ilustrarnos a menudo con sus anécdotas, todas ellas de una coherencia proporcional a su relación con el tema tratado (es decir, tendían a cero). Memorable fue la cara de los ponentes al oírle relatar, en ¿relación? a todos los aspectos que no conocemos de nuestra propia ciudad, cómo su gato le traía escarabajos (escarabajos cuya presencia ignoraba) que se acercaban a una lámpara de su jardín. Sin embargo, tal historia palidece ante el relato de sus aventuras en Mallorca (vistos los numerosos aperitivos que ya había contado a lo largo del curso, al oír por enésima vez la frase “Tengo, tengo al hilo de esto una historia que me gustaría contar”, todos los asistentes que nos encontrábamos fuera de su campo de visión nos llevamos las manos a la cabeza). Resulta imposible describir (o hacer justicia a) la forma y el tono de voz con los que desarrolló la historia, así que explicaré los detalles fundamentales:

 

– Estaba con su mujer en Mallorca.

– Se fue a bucear.

– Un pulpo al que le faltaban dos patas le agarró de un tobillo, presumiblemente con una de las patas que no le faltaban, o al menos es esta la opción más probable, siendo que el número de patas restantes dividido entre el número de patas con las que presuntamente nació equivale a 6/8, es decir, una probabilidad del 75%.

– El hombrecillo le tenía miedo a los pulpos.

– El hombrecillo decidió que este era un momento tan bueno como cualquier otro para enfrentarse a sus miedos, por lo que bautizó al pulpo como “Charlie”, lo declaró su nuevo mejor amigo y se lo colocó en la cabeza a modo de caperuza.

– Bastantes meses después se enteró de que los pulpos tienen un pico que había estado en contacto con su cabeza y que podría haberle arrancado un trozo de piel. Desconozco si para cuando se enteró todavía llevaba a Charlie en la cabeza. Al curso no lo trajo, desde luego.

– Al año siguiente, en julio de 2008, contó esta anécdota en un aula llena de asistentes a un curso, haciendo que  varias personas se preguntaran “¿Pero qué tiene esto que ver con el periodismo de guerra?”.

 

Charlie en busca de venganza

 

En resumen: qué gente. Hale, me voy al Tren.

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~ por thewalkingman en Jueves, 24 julio, 2008.

Una respuesta to “Tomás y Charlie”

  1. jajaja… genial, quien viviera las aventuras de tanis… solo tu te tropiezas con semejantes personas ja-ja-ja

    un besete desde berlin

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